Cuando se entrecierran sus ojos nuevecitos, esos párpados mapeados
de venitas rojas para que nos e pierdan los sueños, afuera los grillos
tocan para ellos... yo lo sé.
Cuando mis niños duermen las nubes pasan en puntas de pie y las estrellas más gurisas tiemblan con el rocío Celeste... Galaxias enteras velan vuestro sueño, sinvergüenzas, les digo con la voz trémula de ternura...
Y me gozo viéndolos dormir sonriendo confiados tan solo en el calor de mi paciencia.
Entonces, los recorro, los aprendo nueva y nuevamente de memoría, me encanto con el río de pelusa que corre vertiginoso por sus columnas y con los rollos de las patitas cangrejas.
Cuando miro dormir mis guríses siento que aprenden cosas, esas que yo o les puedo enseñar, como lo que murmuran el viento y el sauce en le patio, las gotas repiqueteando las hojas de las plantas y los dibujos del agua en la ventana del cuarto.
Cuando estos enanitos están dormidos, andan besos flotando como burbujas, por toda la casa.
Sé de un misterio chiquito que habita en sus manos, que mora en sus dedos perfectos que no se cansarán nunca de tocarlo todo.
Cuando mis niños duermen son luz en la cama y de brasa en mi pecho.
Cuando duermen mis niños, me cambian, me transmutan de padre a madre a hijo a hombre, mejor hombre que ayer.
Cuando estos piojos sean grandes, siento que de alguna parte, en alguna forma vendré a verlos dormir otra vez.
Shhhh...