Era un día gigantesco,
del cielo bajaban ángeles negros
con crespones y Gardeles,
un tango anfibio viene tocando
un bandoneón ronco y ausente.
La aguja de la iglesia
borda lunas y nubes frías
y un Arcángel domesticado
en gesto de diez y diez
con la pena inmortal de ser divino
con la mitad llena de luz
la mitad llena de sombras
otra mitad supermacho
y la otra multiloca.
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