domingo, 31 de mayo de 2009

PAULA PIDE TANGO

Paula me pide un tango... justo a mí me pide un tango
a mi que no me gusta y nunca supe entenderlo.
El tango amiga, emprendió una retirada lenta y tenaz
en hermoso deterioro.

Imagino que el tango tiene que ver con lo que callan los adoquines,
que cuando niebla, parecen multilápida callejera
ha de andar por ahí,
en el chirrido metálico del pestillo
en el chasquido del agua contra el muelle del puerto
en el silbido anónimo que pasa por la ventana
en las huellas metálicas que doblan algunas esquinas de Montevideo.
Tal vez se fue, tras el silbido triste del penúltimo afilador
o esté en el color sepia de las fotos ovaladas.
A veces lo sospecho durmiendo en altillos polvorientos
por eso, la voz asmática del gramófono.
Quizás en el camuflaje lánguido de los plátanos,
en la casi sombra del parral
o se quedó allí, quietecito en la rondana olvidada,
de un pozo olvidado también.
Yo no creo en el tango,
pero creo en la tanguez, de las princesas bacanas,
en la mirada brava
en el ritmo marcial de esas caderas que...
izquier, derech, izquier, derech, izquier...
en eso que anda por ahí, ensoñando
las ventanas lacrimosas en siestas lloviznadas y bonaerences.
Nunca me encontré con el tango, tal vez por eso hoy lo veo como
siempre y de nuevo, siendo otro y el mismo a la vez,
sintiéndose un fantasma público,
queriendo quedarse se aleja, y yéndose sueña que vuelve
mientras se va, se va y se va...

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