La niebla condensa la tarde helada,
figuras borrosas apresuran sus pasos
rumbo a sus casas,
a sus estufas a leña
a su rumor de hogar.
De pronto el andar gliptodóntico
de un carro fúnebre
se recorta colosal en la bruma,
no, ya no hay carros fúnebres,
es un carro cargado de bolsas negras
titánico iceberg, de basura proletaria
que también era un carro fúnebre,
conducido por su propio muerto
y un perro mojado como cortejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario