Un amor que es un será y luego un ya fue, sin detenerse en el es, pobre analfabeto emocional, que no duele, que no invoca nieblas, brisas, soles tibios, ni aquella plaza mojada. Ese amor inmaculado, que no plena de plumas y burbujas, que no azula las miradas que apuntan al centro desprevenido. Ese amor clásico, que se abstiene de la montaña rusa emocional, que no engarza abrazos ni se juega un para siempre. Un amor con escrúpulos y pudores, esa amable intransigencia. Que distrae nuestra mismidad y no muestra su finitud...
Parece más de lo mismo.
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