Ahora resulta que lloro poemas.
Gota a gota
y verso a verso
caen sobre hoja,
y corren por el cauce del renglón
vertiginosas letras salitrales
con recuerdos de dulzuras cercanas.
Cada lágrima tibia
se despliega como una bandera
engalanada con signos, comas,
acentos y paréntesis.
Eso sí, (aclaro) que siempre,
inexorablemente,
pongo los puntos sobre las íes.
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